Abánades natural

ABÁNADES NATURAL

La localidad de Abánades, coronada por su bella y antigua iglesia románica, se asienta a los pies de un empinado cerro junto al valle del río Tajuña. Un pueblo auténtico, con apenas 45 habitantes, cuya principal riqueza es el agua, su aire puro y sus cielos estrellados.

Vistas de Abánades al atardecer desde el cerro de El Rondal

Un marco natural incomparable con unos montes en los que predomina el quejigar, las encinas, las sabinas y los enebros. Y en los que habitan especies cinegéticas como el gavilán, el azor, la perdiz, el corzo, el jabalí, el gato montes o el tejón.

Una de las muchas rutas senderistas de Abánades

La galería fluvial, muy bien conservada, esta formada por alamedas de álamo blanco, sauces y fresnos. La calidad del hábitat del rio es excelente y podemos avistar con facilidad truchas, nutrias y aves como el martín pescador, la garza real o el mirlo acuático.

Una Lavandera Cascadeña en el río Tajuña

Cubriendo el fértil valle del río Tajuña un paisaje dibujado con pequeñas huertas ricas en hortalizas y árboles frutales como el manzano, el membrillo o el nogal. También con armoniosas extensiones de cebada, trigo, girasol y de lavanda.

Las sonoras y cristalinas aguas del río Tajuña a su paso por Abánades

El discreto encanto de la realeza

EL DISCRETO ENCANTO DE LA REALEZA

El Ánade Real (Anas platyrhynchos)

Antes de informaros con detenimiento de una de las actividades que podéis llevar a cabo en Abánades y sus alrededores, como es el birdwatching o avistamiento de aves, vamos a conocer bien al ave acuática que da nombre a nuestro hotel y restaurante.

Logotipo del restaurante El Ánade Real

Y no es por casualidad, ya que el Ánade Real o Azulón es un ave residente muy popular en la comarca del Alto Tajuña que aumenta su población en invierno con los ejemplares que se desplazan desde Europa hacia África buscando un hábitat más cálido. Generalmente suele vivir en pozas de río, parques y humedales. En la zona de Abánades se puede avistar fácilmente siguiendo las rutas del Hotel Rural Los Ánades que transcurren junto a la ribera del río Tajuña, en las lagunas del Marojal en Fuensaviñán y en el embalse de la Tajera en Torrecuadrada de los Valles.

Se trata de un pato muy conocido, que posee además una enorme capacidad de adaptación que propicia su crecimiento. Aprovecha las distintas fuentes de alimentos que encuentra en los hábitats en los que se mueve, sobre todo materia vegetal y pequeños invertebrados acuáticos. Es un ave muy gregaria en invierno y raramente permite el acercamiento a corta distancia (de hecho, es normal que huya ante la presencia humana); se agrupa para sestear durante el día y desplazarse por la noche a los comederos.

Macho de Ánade Real en la ribera del río Tajuña

El macho tiene un plumaje inconfundible, con la cabeza y el cuello de color verde oscuro brillante enmarcados con una especie de lista blanca que recuerda a la forma de un collar. Su pecho, por otra parte, es de un tono castaño con tonos púrpura. El resto de las plumas del cuerpo tienen un tono grisáceo que se va oscureciendo en las partes superiores, salvo en la zona del obispillo (parte inmediatamente superior a la cola) y las plumas centrales de la cola.

La hembra, por su parte, tiene un plumaje con colores más apagados, predominando los tonos pardos con tonos claros y oscuros dependiendo de la zona de su cuerpo. Un tipo de plumaje que es característico de las especies de pato de superficie.

Varias hembras de Ánade Real en las proximidades de nuestro hotel

En lo que si que coinciden ambos sexos es en el espejuelo de las plumas secundarias de color azul con un borde interior negro y uno exterior blanco. Gracias a esto, se puede diferenciar a la hembra del resto de hembras de otras especies.

Cuando nacen las crías, estas tienen plumas de color amarillo en las partes inferiores y el rostro, siendo pardo en las partes superiores con algunas motas amarillas. Estas plumas van cambiando de color con las mudas de piel.

Se comunican de diferente forma, igualmente: ella con un fuerte graznido, él con una llamada más suave y aguda.

Son patos que nidifican lejos de las zonas de cultivos, así como en los árboles. Puede ocupar cauces fluviales, perfectamente. Los machos empiezan a perseguir a las hembras sin cortejo alguno (sobre todo, cuando los nidos están demasiado juntos), tratando de aparearse con ellas a la fuerza, nadando alrededor con los cuellos estirados en horizontal sobre el agua. Durante la época de la crianza, la hembra pone de tres a 12 huevos que eclosionan pasados unos días (de 15 a 27). La madre permanece sola y cuida a sus crías, cuya tonalidad, como hemos visto anteriormente, se compone de manchas amarillas y marrones. En apenas dos o tres meses ya están preparadas para volar (de hecho son casi independientes desde el primer día, alimentándose por sí mismas).

Macho de Ánade Real en vuelo

Como curiosidad comentaros que el Azulón es antepasado de los patos domésticos, que ya fueron domesticados en China hace 3.000 años, aproximadamente.

Ruta del río abajo hasta el Antiguo Truchero

RUTA DEL RÍO ABAJO HASTA EL ANTIGUO TRUCHERO O HASTA EL MOLINO DE LA JULIA

Distancia: entre 8,6 km y 15,5 km (ida y vuelta)

Duración: entre 2 h. y 3:45 h. (andando)

Dificultad: media

Mapa de la ruta

Se sale del hotel por la calle principal, la Calle Real, hacia la carretera por la que hemos llegado a Abánades. Cuando llegamos a La Picota, plaza donde está el bar y que está atravesada por la carretera, tomamos esta última en dirección a la A2. Bajamos hacia el Puente Grande y, nada más cruzar el mismo, cogemos el camino que sale a nuestra izquierda y baja hacia el río.

Este camino nos lleva en paralelo al Río Tajuña, pasando bajo un arco sobre el que discurre un canal de riego hasta un lugar en el que el camino gira 90º a la derecha hacia arriba y luego vuelve a hacerlo otros 90º hacia la izquierda para continuar la dirección del río. Un poco más adelante, veremos que salimos a otro camino que también lleva el sentido del río y que nos va a acercar a una finca grande, que en un futuro será un establo de caballos y alojamiento rural tipo Casas de Labranza. El camino bordea la finca por la parte de arriba de su valla de piedra y, llegando al final de la misma, donde hay un “fondo de saco” del camino, tras subir un pequeño escalón, pasa a ser una senda.

El río Tajuña

A unos 200 m se acaba la valla. Enseguida veremos el cauce de un barranco, El Sargal, que en algunas épocas del año, normalmente a finales de invierno o comienzos de primavera, nos puede impedir continuar porque baja con abundante caudal de agua. Lo atravesamos por un par de bajadas que hay, y más bien hacia la izquierda, hacia el río, comienza una senda que se adentra en el monte (pero sin dejar de ver el río). Estamos en la zona más bonita del recorrido. Aquí será fácil encontrar en temporada, diversas clases de setas y hongos (la mayoría no comestibles). Igualmente podremos ver algún animal que baja al río a beber. Estamos en terreno de corzos, venados y jabalíes.

Serpenteando por la senda, dejaremos a nuestra derecha unas ruinas de construcciones de pastores situadas justo debajo de una gran roca manchada de negro por las fogatas, que en tiempos se hicieron debajo. Pronto empezaremos a oír el relajante murmullo del agua que salta la presa y que, mediante un canal que también veremos, suministraba agua a las piletas donde se criaban las truchas. Lo dejamos atrás y llegaremos a una bajada en zigzag entre unas rocas que nos adentra en un pequeño “túnel vegetal”. Al salir, pasamos justo al lado del antiguo canal y empezamos a ver las piletas abandonadas: ya estamos en el Antiguo Truchero.

El río Tajuña

Al pasar entre dos rocas, tomamos la senda de la derecha que pasa por debajo de unas colmenas abandonadas y nos lleva a la entrada de la casa de los guardeses, también abandonada. Podemos avanzar por el camino que allí comienza, ahora ya más ancho, que nos lleva a una arboleda de chopos y un puente que representa el final de esta ruta y el punto de referencia de otras. Una de ellas es la que lleva al Molino de la Julia, al que llegaremos continuando el camino ancho, sin cruzar el puente, y desviándonos del mismo a unos 600 m cogiendo el camino de la izquierda que sigue el curso del río.

El molino de la Julia

Poco a poco vamos descendiendo hasta situarnos casi al nivel del río. La zona es de gran belleza y en ella podemos ver nutrias, garzas o patos con cierta facilidad. Pasada la zona más angosta, el valle se abre un poco y veremos un camino que baja por nuestra derecha, que nos llevará, pasando al lado de unas grandes rocas al citado molino, en cuya huerta, situada frente al mismo, deben observar una impresionante noguera seca que, por sus formas, seguro refiere alguna leyenda de la zona (prometemos investigarla).

La vieja noguera seca

El camino de regreso se hace exactamente por el mismo recorrido que el de ida.